Visita al Banco

La verdad, me aburre mucho el tema del banco, todo lo que tiene que ver con las gestiones normales de cuentas, recibos, etc … ¡un rollo!, por lo que trato de evitar tener que ir a la oficina, pero ese día no me quedaba otro remedio y para allá que me fui.

Como siempre, toca esperar, y mientras lo hacía  apareció una mujer que le tocaba detrás de mí, y que además percibí que era ciega… A golpes con su bastón, daba vueltas por la oficina, y se quedaba quieta de repente en el centro, parecía perdida y nadie le hacía caso, me asombraba que los empleados no hicieran ni dijeran nada, pero viendo que nadie la ayudaba, me acerque yo, que parece que tengo demasiado inculcado lo que la ayuda ajena, y sin saber muy bien qué hacer, le comenté bajito si podía ayudarla, claro que como había que sacar número para realizar gestiones, me tenía que decir qué necesitaba, todo un poco raro, ya que ella ni veía el número ni la pantalla…

Pero lo más sorprendente fue que ella ni siquiera me contestó, se quedó allí parada sin decir nada, con actitud de espera, aletargada, mientras mi cara parecía un poema, sin saber que hacer, me alejé de ella y volví a la cola, de donde nunca debía haber salido, con un sentimiento de confusión bastante raro, vamos, que me sentía bastante tonta, y como cabreada con esta situación que me acababa de descolocar bastante.

Ya por fin, mi turno, y tuve la suerte que del otro lado de la mesa había una chica muy amable, que no siempre ocurre, y como toda la oficina había visto la movida me comentó que no me preocupara, porque parece ser que a esta persona ya la conocían, y mucho, y tenía muy mala fama, un carácter muy difícil, vamos a dejarlo ahí…  Y por eso nadie se acercaba, simplemente esperaba y ellos la llamaban para atenderla cuando le tocaba.

¡Genial! pensé, vaya chasco el mío, tanto entusiasmo por ayudar, por demostrar mi buen hacer, lo compasiva que soy y todo ese rollo que nos han metido en las llamadas buenas formas, y todo al traste por un mal carácter… ¡ Me sentí avergonzada !, gran lección para mí desde luego, porque independientemente de la condición de la persona, todos podemos elegir ser ayudados o no, y claro, siempre hay alguien que se quiere esforzar mucho por hacerlo, y aunque sea con la mejor intención debemos respetar lo que quiera el otro, o la otra.

En este mundo nuestro actual es todo un lío, ya no sabemos bien como hacer la cosas, nos da miedo todo, y cuando intentamos hacer algo, van y nos lo chafan, y nos sentimos avergonzados, que manera de machacarnos a nosotros mismos no?

Quizás nos podemos plantear que lo realmente importante es hacer lo qué yo sienta, sin más, porque entonces estoy actuando desde el corazón y no espero un resultado, y si lo hago así, sin condicionamientos, acepto plenamente la respuesta de la otra persona, se trata de que cada día, aunque cometa errores, sirvan para aprender y mejorar,tratando de avanzar,  gustarme un poquito más…

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