Relajación en el parque

Cuando puedo me encanta ir a un parque precioso que está muy cerca de mi casa, donde hay una fuente increíble cuyo sonido me centra mucho.

Así que preparada para deleitarme me fui para allá ya que necesitaba relajarme un poco, y sobretodo estar conmigo misma, pensando en mis cosas…. pero claro, una hace sus planes y el universo se encarga de organizarlo todo a su manera, así que, me siento en un banco, posición adecuada, solecito, el ruido del agua que me chifla en el parque prácticamente vacío, en fin, todo un lujo para mi…

De repente, oigo un “Hola, buenos días, ¿te importa que me siente contigo?”

Y abro los ojos, y me encuentro a una señora mayor, requetemona, bronceadita, y con un brillo en los ojos increíble, así que le digo: “ok, siéntese!!”.

Y mira que no había bancos vacíos!, pero… así se escribe la historia…

Volví a quedar en silencio, con los ojos cerrados, posición de meditación para impresionar,  pero aún así… “¿Qué día más bonito verdad?”. Y ahí empezó todo…

A medida que íbamos charlando me estaba quedando más y más impresionada con la interesante conversación, no podía imaginar de ninguna manera que aquella mujer, aparentemente normal, con ochenta años que no aparentaba por cierto, tuviera una vida tan interesante y sobretodo, era la emoción, el sentimiento con el que expresaba que me envolvía de una forma especial… Como hablaba de su marido, fallecido ya, pero al que todavía amaba después de haber estado más de 50 años juntos, de la muerte, a la que miraba de frente, sin miedo alguno, la ternura con la que hablaba de sus hijos,de su actual vida en solitario, para no molestar… una historia preciosa, narrada en vivo y directo por la protagonista, una vida llena de valor y coraje, lo cual me conmovió bastante, porque precisamente yo estaba allí para pensar en temas relacionados con estas cualidades…

¿Casualidad? Quien sabe. Lo único que sé es que la historia de esta mujer me llegó al alma y realmente me inspiró para profundizar en los temas que me llevaron esa mañana al parque. Nos despedimos con un abrazo, y sentí que probablemente no volvería a verla, pero que nunca la olvidaría… Me fui sintiendo que seguramente tenemos más ayudas de las que pensamos a lo largo del día, pero vamos tan rápido, que no nos da tiempo a reconocerlas.

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