El profesor ligón

Ultimo curso de carrera, sin poder asistir a clase porque ya estoy trabajando y encima en una ciudad distinta, aunque he preferido acabarla donde la empecé, cuestión de principios…

Solo asisto a los exámenes, y me los preparo yo sola, con los apuntes que me envía una buena amiga que sí asiste a clase, la verdad es que tengo suerte.

En principio, todo bien, pero en el primer examen de una asignatura me presentan al profesor, le cuento mi problemática para asistir a clase y no me pone ninguna pega, es más, nos caemos genial, incluso observo que al terminar el examen está muy pendiente de mí, me comenta que podemos intercambiar teléfonos, por si tengo dudas, ¡vamos un primor!

En ese momento me siento feliz por tantas atenciones y facilidades, pero más tarde, reflexionando la situación llego a la conclusión de que no es normal, algo tiene que haber detrás.

Mi amiga me comenta que en clase le pregunta por  mí, y esto, a la vez que me alaga también me mosquea, ¿qué busca?

Un día, no mucho tiempo después, recibo una llamada, era él, que “casualmente” está en mi ciudad, y me propone tomar algo, así que acepto sin más, me puede la curiosidad, no sé prácticamente nada de su vida, pero me parece muy atractivo, y el hecho que sea mi profesor no tiene porqué ser un problema a ciertas edades, así que esta vez quiero ser atrevida y vivir esta experiencia nueva para mí.

Cuando nos encontramos le veo guapísimo, bien vestido y con clase, me saluda con dos besos, y no para de mirarme, pero ya nada me parece raro,y ni me quiero plantear nada de momento, solo disfrutarlo y ver qué pasa…

Hasta que un momento dado decide sincerarse, ¡qué pena madre mía!, para decirme que le gusto mucho pero que tengo que saber que está casado… ¿Qué te parece?

Le sonrío sin más, dándole a entender que le agradezco mucho su sinceridad y sobretodo su honestidad, que desde luego no es tan habitual, y aquí se acaba nuestra romántica historia, ya que esa situación no va conmigo, y por mucho que me guste no está en mis planes complicarme tanto la vida.

A partir de este momento no ha vuelto a intentarlo, siempre cariñoso conmigo cuando nos vemos en los exámenes, porque desde luego es todo un caballero. Eso sí, tendré ningún trato de favor en mi nota, pero tampoco lo hubiera aceptado, ¡faltaba más!

Pudo ser y no fue, pero elijo lo que quiero para mí, estoy dispuesta a asumir cierto riesgo, pero no condicionada por otra relación, decidí que si yo no me valoro nadie lo hará, y sobretodo que me merezco todo lo mejor, y ¿quien sabe? quizás algún día, si su situación cambia podríamos darnos una oportunidad… Mientras tanto, yo me dedico a vivir el momento, disfrutando de lo que tengo y de lo que soy, que ya es bastante, y esperando lo mejor de la vida.

 

 

 

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