El extranjero

Salgo con un grupo de amigas, que nos vamos de vacaciones hasta septiembre y así hacemos la despedida.

Somos siete en total, decidimos ir por la zona de vinos a tapear y reírnos un rato, se trata de una noche de chicas, una noche especial.

Todo va normal, hasta que decidimos entrar en un sitio que está lleno hasta arriba. Vamos pasando y nos colocamos como podemos al final de la barra, apretaditas, claro, porque no había apenas espacio.

Pedimos, y seguimos con nuestra charla. Siento que hay un grupo detrás de mí, que después de un ratito se mueven para irse, dejándonos así más espacio, ¡fenomenal!, ni siquiera me fijo en ellos, ya que estoy metida en mi historia particular, así que me muevo para que pasen por mi lado, pero no me fijo en sus caras.

Pasa un rato, y de pronto me llama la atención un hombre saludando desde la puerta principal, no le conozco, así que no hago caso y vuelvo a la charleta que una de mis amigas acaba de empezar.

Pero de repente me tocan el hombro, Y veo a una mujer que me dice: “Perdona que te moleste, antes he estado aquí, justo detrás de ti, con mi marido y un amigo, que está pasando con nosotros unos días de vacaciones, y por cierto, se ha quedado contigo, nos hemos ido, pero no hay forma de que se quiera ir a casa, quiere conocerte como sea, y vengo yo a contarte esto porque el es extranjero y no habla bien nuestro idioma, ¿te importaría quedar mañana con él y conmigo?, podemos tomar un café los tres, me harías un gran favor…”

Bueno, yo, con la boca abierta, y mis amigas, que por cierto, estaban allí escuchándolo todo, ¡ni te cuento!. En parte me siento acorralada y digo que sí, aunque también pongo mis condiciones, que en principio sólo un ratito, y que ella estuviera todo el tiempo con nosotros.

Llegado el día, yo nerviosa como una mona, mis amigas muy intrigadas con el evento, y no paran de llamarme, en fin, una situación complicada en la que me he metido, pero he dado mi palabra y voy a ir.

Llego al lugar, y ahí están los dos esperándome, se levantan y llega la presentación formal, me da la risa nerviosa, porque entre la situación y el idioma, me siento bastante rara.

Finalmente el encuentro es mucho más divertido y ameno de lo que esperaba, la verdad es que el chico no está nada mal, culto, atrevido y con gancho, pero regresa a su país en unos días, así que creo que ha sido una buena experiencia, desde luego, pero nada más. Después de charlar y charlar, y dejar claro que me tengo que ir, aunque él insiste en que por favor me quede, y me invita a que les acompañe a un concierto al que luego van. Decido que aquí se acaba la cosa y, pongo punto y final.

Lo que sí he visto claro, es que en cualquier momento te puede cambiar la vida, y no quiero perderme ni un minuto de la mía, vivir intensamente lo que va viniendo, tratando de no dejarme invadir por el miedo, tomando mis decisiones por supuesto, pero permitiéndome ser yo misma en cada momento.

 

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