La vida me sorprende

Salgo a cenar con dos amigas, y “para variar”, sale el tema preferido: Hombres.

Intentamos averiguar cual es la razón por la que no tenemos buenas relaciones, ¿tan difícil es?, ¿acaso buscamos algo que no existe?.

Cada una de nosotras habla de su experiencia al respecto, que aún siendo distintas tiene un punto en común: el sufrimiento con el que hasta ahora vivimos una relación. Que más que algo bonito, parece una tragedia, y la cuestión es: ¿cómo acceder al amor?.

Todas estas dudas que se nos plantean, nos vuelven desconfiadas, ariscas, y nos dejan huecas, sin muchas ganas de remontar esta cuestión.

Después de mucho discutir, la conclusión es una, que podemos culpar siempre a los hombres en general, pero nos parece mejor opción aceptar que no sabemos tener una relación de pareja. Nadie nos ha enseñado en esta faceta, quizás alguien con una buena experiencia podría guiarnos porque podemos estar equivocadas en el planteamiento inicial, pero la verdad es que no conocemos a nadie que nos convenza, no es fácil este aprendizaje. Nos creemos preparados por naturaleza para muchas cosas, pero la realidad no es esa. También hemos pensado, que podríamos estar repitiendo los mismos patrones una y otra vez, ¿quién sabe?, el comportamiento humano es tan complejo, que sin darnos cuenta, muchas veces hacemos justo lo que no queremos hacer, y como consecuencia repetimos resultados no deseados.

Por mi parte, comento que estoy muy quemada, y que no tengo ninguna gana de conocer a nadie especial en este momento, vamos, que no quiero ni que se me acerquen, pues la última experiencia fue catastrófica, así que, necesito un tiempo de tranquilidad.

Pero como siempre, la vida me sorprende, me voy al baño del restaurante sola y bajando las escaleras, que por cierto están mojadas, tropiezo y me voy rodando hasta el final, y termino mi pericia sentada en el último escalón, de donde unas manos desconocidas me levantan, y al levantar mi cabeza, una voz preciosa me pregunta ¿estás bien?.

Cuando consigo focalizar, veo a un chico delante de mí, sujetándome, y me siento bastante tonta. Como puedo digo ¡estoy bien!, pero él no me suelta, y permanece a mi lado hasta que comprueba mi estado, pues la caída ha sido bastante escandalosa. ¡Qué mono! Hablamos, me pregunta mi nombre, y no sé, siento algo especial.

Finalmente me acompaña a mi mesa. Yo cojeando y mis amigas que me miran perplejas, ¿pero qué ha pasado?. Él está un ratito con nosotras y después se va… Nos reímos de la situación, y sobretodo de mí, que he tenido que tragarme mis palabras, no quería, pero al final he conocido a alguien, y me ha gustado, y además ha insistido en compartir teléfonos, se ha quedado preocupado por el golpe que me he dado, y ha quedado en llamarme.

Bueno, ya veremos que pasa, pero el inicio es muy chulo, no me lo esperaba, y la verdad es que nunca se puede hablar, en un minuto todo cambia, pasa algo desagradable, que nos lleva a algo bueno, a otro punto de vista en el que no habíamos pensado… ironías de la vida.

 

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