Un camarero monísimo

Cerca de la oficina donde trabajo, hay una cafetería que está muy bien, a la que a veces bajamos un grupo de compañeros a tomar algo, simplemente para relacionarnos o con algún motivo especial, como un cumpleaños.

En este lugar, que es bastante grande y concurrido, trabajan muchas personas, y entre ellas varios camareros. A mí, me ha llamado especialmente la atención uno de ellos, no sé ni como se llama, ni siquiera hemos hablado, pero desde luego tiene algo especial.

Quizás son sus ojazos, que miran de frente y con sinceridad, o como se mueve por la barra, con un desparpajo especial. Es ese tipo de persona que no busca sobresalir, hacerse notar, pero lo consigue sin más. Como si iluminara el lugar donde se encuentra, y yo no puedo evitar mirarle, está claro que me gusta.

Hoy he venido sola, con el ánimo de desayunar, no me ha dado tiempo en casa, que me ha costado especialmente despertarme, y necesito un chute de café para poder empezar a trabajar. Me siento en la barra, pues tengo un poco de prisa, y veo al fondo de la misma, como uno de los camareros, hace amago de venir a preguntarme qué quiero, pero el otro, el que me gusta, le frena en seco, dejando claro que se encarga él.

Yo empiezo a ponerme nerviosa, pues realmente no me espero esta situación, se me acerca, me pregunta qué quiero tomar, y se va a prepararlo, ¡vamos, lo normal!,

Pero al traerme las ricas tostadas, allí se queda conmigo, y me siento intimidada, me da corte la situación, así que respiro profundamente, tomo un sorbo de café y le digo, ¿qué tal, como va la mañana?.

Y me contesta, -en este momento muy bien-, y me deja planchada, no sé ni qué contestar. Como puedo remato el desayuno, buenísimo por cierto, y él sigue allí, acompañándome, sin decir prácticamente nada, con la palabra claro, porque solo con su expresión me tiene apabullada

Por un momento incluso pienso que esto no es real, seguramente para evadirme de la vivencia, pero sí lo es, ¿demasiado intenso?, quizás… o simplemente es algo no planeado, no controlado, que me saca de mi comodidad, y no sé como reaccionar. Como si para estas cosas hubiera un momento ideal.

Puede, incluso, qué no sea para tanto, pero hay que contar con las emociones que me produce esta persona, generando en mí una gran inseguridad y ganas de escapar.

Pido la cuenta, y me dice, -ya está pagado-. Otro detalle más que me hace sentir bastante vergüenza, es inevitable, así que doy las gracias y salgo de allí como si me persiguieran, ¡que fuerte!.

Lo peor, es que creo que no puedo volver por aquí, sobretodo sola, no me sentiría cómoda, ha sido una situación un poco forzada, me imagino a sus compañeros cotilleando, y no lo puedo soportar. Lo raro de todo esto, es que en vez de sentirme alagada, me siento frustrada, y muy rara.

En fin, no sé manejar bien estas situaciones, está claro, me corto, me aparto, y evito la intimidad, ¿será qué tengo miedo?. Debo meditar sobre esto, enfrentarlo, porque si me cierro a este tipo de experiencias, no me estoy permitiendo conocer profundamente a alguien especial. Creo que salgo corriendo cuando se me presenta una oportunidad real, y luego me siento fatal.

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