Polémica vecina

La verdad es que no es fácil la convivencia entre vecinos, sobretodo porque compartimos partes comunes de cualquier comunidad.

En la sociedad en la que nos ha tocado vivir, se fomenta la individualidad, mal consejera si queremos llevarnos bien con los demás o por lo menos nos importan un poco, ellos y su bienestar.

Para bien o para mal, en general, cada uno va a su bola, sin pensar en el de al lado, que no tiene por qué soportar sus ruidos exagerados, las movidas con su pareja, o los ladridos de su perro. En fin, el descanso es fundamental, para estar en condiciones óptimas al día siguiente si queremos funcionar.

La prioridad aquí es el egoísmo, “en mi casa hago lo que me da la gana”, pero esto no es real, tenemos que respetarnos, que es un derecho propio, y además fundamental.

Yo nunca he tenido problemas al respecto, hasta que llegó a mi edificio, la polémica vecina, que en su largo devenir, no ha aprendido todavía lo que es la convivencia. Y eso que dice que ha viajado, y que incluso  presume de que ha vivido en otro país durante un tiempo. Me temo que no le ha servido para mucho, pues los buenos modales se aprenden y no se olvidan, vivas donde vivas. Y ella molesta como tres, y exige la que más, mala combinación, ¿no crees?

Y lo que más me repatea, es que para más inri, es chula hasta la médula, y por ahí si que no paso, qué para chula ya estoy yo, si me pongo en situación.

Tengo claro que todo se puede resolver dialogando, ¡cuanto te dejan, claro!. En otras ocasiones, desde el ego, cada uno quiere imponer su voluntad, y así no hay manera de entenderse…

Me toca hacer de bruja, y hablo con el dueño de la vivienda, con el que tengo una buena relación ya que estoy segura hará de mediador en esta ocasión. Y sí, está claro que me escucha, pero decide no meterse, y me da su particular explicación: “Espero que os entendáis, tenéis que hablar y llegar a acuerdos, encontrar una solución. Le voy a decir que tiene que bajar a hablar contigo…Y se queda tan pancho, el tío”.

Al principio, yo no estoy muy de acuerdo, pero reflexionando sobre el tema, veo claramente que tiene razón. Me ha sorprendido por su lucidez, y se lo agradezco de corazón.

Sé con seguridad que la susodicha no va a aparecer por mi casa, ni para hablar ni para nada, y lo sé porque su orgullo no se lo permite, pero no me importa, basta con que se dé por enterada, porque solo con lo que le han trasladado es suficiente para mí. Y estoy segura de que por su parte habrá un cambio.

A veces las cosas son más sencillas de lo que creemos, y la solución es muy simple, aunque no la queramos ver. En mi caso, como afectada, ha sido acertado el delegar, alejarme del cabreo, y tomar perspectiva, dejar que otros me aconsejen, y aprender. Esperar a que las cosas se coloquen, y no precipitarme con la impaciencia que por supuesto, nunca es buena compañera.

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