Una tía lejana

La mayoría de nosotros tenemos algún familiar con el que no nos llevamos bien. Quizás porque no nos gusta su forma de ser, o simplemente porque algún acto suyo nos hizo daño en otro tiempo atrás, y la relación no dio más de sí.

En mi caso, una tía lejana, mayor que yo, que desde que era una niña, me tiene ojeriza y cada vez que puede intenta hacerme daño de alguna manera.

Nunca he sido rencorosa, así que no se lo tengo en cuenta, pero siempre procuro estar lejos de ella, no me inspira ningún cariño ni ternura, ya que conmigo siempre ha sido arisca y muy dura.

A medida que soy consciente de esta situación, y dado que siempre voy bastante a mi bola, decido pasar de ella y vivir mi vida, pero es imposible. Siempre aprovecha cualquier situación para hablar de mí, ¡mal, claro está!, una crítica constante hacia mi persona, sin ningún tipo de compasión.

Incluso ha llegado a contar cosas inventadas por ella, por el simple hecho de dejarme mal con vecinos, familiares, y demás. Trato de que sepa de mi vida lo mínimo posible, pero es inevitable que alguna información le llega, y la tergiversa, retuerce, y saca las situaciones de contexto para fastidiarme como sea.

Cuanto más paso, más se entrega ella a esta desagradable desventura de hacerme la vida imposible. No lo entiendo, la verdad, es tan absurdo como increíble.

Hasta que empiezo a darme cuenta de la triste realidad, cada vez que yo tengo éxito en algo, ella se cabrea. Cuando alguien habla bien de mí, ella se hunde. Está enredada en esta complicada dinámica. Con el resto de mis primas no es así, sólo conmigo, ¿por qué será?.

Después de una larga conversación con otro familiar en el que confío, y que precisamente la conoce muy bien, he podido averiguar lo que realmente le pasa. Parece ser que soy un reflejo de lo que ella no es, somos muy diferentes, y por alguna razón yo soy lo que a ella le gustaría ser. Así que, por eso no me soporta, y lo que es más fuerte, parece que en cierto sentido me admira.

Lo siento de corazón, pero ¡qué puedo hacer yo!. No creo que ella vaya a cambiar, ni siquiera creo que esté dispuesta a escucharme, ¿para qué voy a enfrentar la situación?.

No es capaz de mirarme a los ojos cuando nos encontramos en cualquier lugar, pero siempre noto su mirada en mi espalda cuando me doy la vuelta. Me observa en la distancia, no lo puede evitar, con curiosidad y paciencia.

Creo que hay situaciones que no se pueden cambiar, simplemente podemos tratar de hacer las cosas lo mejor posible, sin hacer daño a nadie, y aceptar la imperfección propia y la de los demás. Todos podemos equivocarnos, está claro, pero como alguien dijo una vez, lo importante es tratar de aprender y no cometer siempre los mismos errores.

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