Las etiquetas

Todos viajamos por el camino de esta vida con etiquetas impuestas que nos marcan y nos condicionan, sin darnos cuenta.

Ya desde niña, un ejemplo claro es, que por el simple hecho de ser la hija mayor, y además mujer, se me ha inculcado un exceso de responsabilidad. Y esta enorme carga, la he llevado siempre, como una pesada mochila que va conmigo vaya a donde vaya.

La he asumido como mía, por derecho propio, haciendo por ello el papel de mamá con todo el mundo, padres, hermanos, amigas, y para qué voy a mentir, también con la pareja, cosa que no me ha beneficiado para nada. Siempre tengo la sensación de que me esfuerzo más de la cuenta, y no se me valora en forma justa.

Así que, de esta manera, he propiciado sin saberlo, que los demás se acomoden a la vieja costumbre de que yo estoy para todo y para todos, siempre disponible. Dejando mis cosas de forma natural, para ocuparme de las suyas, ¡y tan contenta!.

Toda esta programación que de pequeña he absorbido, como si fuera una esponja, la pongo en práctica en mi vida diaria en cada situación. Para mí es lo normal, pues me siento identificada con este papelón que me han colocado, y que hasta ahora no sabía que podía cambiar.

Hasta que surge en mi vida, alguien que puede ayudarme, y que me guía con su saber a descubrir mi verdadera identidad. No es fácil, la verdad, pero quiero recorrer este camino y asumir mi responsabilidad en lo que no me gusta de mi vida, dejar ya de culpar a los demás.

Siento que se ha abierto para mí una enorme ventana, con aire fresco, con nuevos elementos en el paisaje que alcanza, y creo que nunca es tarde para mejorar lo que no me gusta de mí. Para avanzar en una mayor comprensión de quien soy.

Me he pasado la vida tratando de comprender a los demás, analizando su comportamiento, incluso juzgando y criticando. Pero no me conozco a mi misma, esta es la clave para poder cambiar y mejorar, para sentirme feliz sin razón alguna, para vivir con plenitud mis experiencias.

Este trabajo no es fácil, ni en recorrido ni en esfuerzo, pero la esperanza me acompaña, y lo asumo como un gran reto, a veces muy duro, y otras más llevadero, avanzando a mi paso, sin forzar, tirando estos muros internos que me bloquean, me obstruyen, me impiden ser yo misma sin trampas, sintiéndome más completa en cada paso que doy.

Estoy satisfecha en cuanto a poder ver cosas que antes no veía, en la comprensión profunda de los desastres a los que me he sometido sin piedad, por desconocimiento. Aprendiendo a salir de estas situaciones creadas, por instinto, no por la fuerza, suavemente…

Máxima paciencia conmigo misma, sin prisa, que la urgencia no ayuda demasiado. Y que, como cualquier trabajo de gran profundidad, requiere tiempo y seguir los pasos oportunos para avanzar.

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