Cena con la brasileña

Tengo una amiga brasileña, profesora, a la que conocí cuando vino a mi ciudad a hacer un máster en la universidad, justo a la casa donde yo vivo, puerta con puerta.

Siempre me suelo ofrecer, cuando llega alguien nuevo, por si necesitan alguna cosa en lo que yo pueda ayudar. Esto me lo enseñaron mis padres, que siempre me decían : “Trata a los demás como te gustaría ser tratada”, sobretodo cuando eres de otro país, y te sientes un poco sola.

La primera vez que la vi, coincidiendo en la escalera, nos presentamos, y me gustó el brillo de sus ojos, su gran sonrisa y su espontaneidad. Me pareció bastante auténtica. De esas personas que expresan lo que sienten y no lo pueden ocultar.

Su estancia fue fantástica, compartimos muchos momentos juntas, excursiones en ratos libres, salidas nocturnas y comidas típicas para que probara cosas diferentes. Yo feliz de tenerla cerca, y ella entusiasmada con tanta novedad .

Llegó el momento de irse, y la despedida fue dura, en su país la esperaba su familia, y tenía sentimientos contradictorios, por un lado les echaba mucho de menos, y por otro, se sentía muy feliz aquí. Nos despedimos con mucho cariño, abrazos e incluso con lágrimas. Con un incierto “hasta pronto”.

Y en verdad, no nos hemos olvidado, pues han pasado ya tres años de esto, y siempre nos escribimos, sin perder el contacto.

Hasta que hoy recibo un mensaje sorprendente, en el que me dice que está en mi ciudad, que acaba de llegar y que si puede verme. No me ha contado nada antes para así darme una sorpresa, ¡Y tanto!. Aunque tengo planes, los cambio, y quedamos en el hotel en el que se aloja, ya que viene acompañada.

Le espero nerviosa en recepción, me apetece mucho verla pues es una dulzura de mujer, muy cariñosa y con una serenidad especial, llena de encanto y personalidad.

Cuando aparece, viene corriendo a darme un abrazo, siento que me aprecia mucho y de corazón, y así me lo transmite con lágrimas en los ojos, recordando una y otra vez, que fui su vecina incondicional.

Y parece que nos hemos visto ayer, y han pasado años, pero la magia de la amistad está ahí, no importa la distancia, y el tiempo que pase, cuando hay una unión especial, con un cariño puro, es muy difícil romperla, porque llevas a esa persona en el corazón, donde le das vida eterna.

No sabemos cuándo volveremos a vernos, ella me ha invitado a su país, pero el tiempo dirá… Lo que sí sé, es que no nos olvidaremos de los momentos que hemos vivido juntas. Hay personas que pasan muy poco tiempo en mi vida, pero dejan una huella imborrable, de tal profundidad, que enriquece profundamente mi historia personal.

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