En la casa de reposo

Me voy sola una semana a una casa de reposo de la que me han hablado muy bien, instalada en la montaña, sin muchas comodidades, pero en plena naturaleza, y con todo aquello que ahora necesito.

Hace tiempo una compañera de trabajo me habló de este lugar, donde ella va unos días, todos los veranos a descansar. Parece ser que la comida es muy sana, incluso el cocinero hace el pan, y todos los alimentos son orgánicos, todo es natural.

Nunca he estado en un sitio así, pero ahora me apetece algo diferente y he recordado este lugar, he reservado a última hora, así que salgo ya.

La casa está bastante escondida, entre estrechos caminos y abundante maleza, enormes árboles la rodean, como perros guardianes que la cuidan y la protegen. La primera impresión es buenísima, pues había visto fotos, pero no le hacen justicia.

Una señora muy amable, me acompaña y me la enseña, me muestra todo el lugar con gran entusiasmo y entrega. Me gusta mi habitación, llena de colores y flores en la ventana, desde donde veo un cielo muy azul, limpio y claro.

Dejo mis cosas, y como ya es la hora, me incorporo a la cena en el turno que me toca con otras personas que también se alojan allí. No somos muchos, ¡que gusto!, me apetece un momento así. Además la casa es muy acogedora, y el entorno divino, con un bosque de abedules al lado, con unas hamacas atadas de tronco a tronco, que llaman poderosamente mi atención. Creo que voy a disfrutar mucho de mi estancia, lo presiento.

Un grupo encantador, donde conozco a un tipo de personas muy diferentes a mí, me parece una diversidad muy interesante, pues en general, cuentan  historias personales dignas de ser contadas, y denotan una gran sensibilidad.

Es lo que necesitaba, algo diferente. Estoy un poco harta de todo lo cotidiano, que ya no me engancha ni me sorprende. Y cuando no aprendo nada, me aburro, me encojo, y no sé que hacer con mi vida. Necesito un poco de aventura, algo nuevo, que me aporte.

Muchos ratos me reúno con otra chica, que también ha venido sola, y la verdad es que nos entendemos muy bien. Más que nada porque coincidimos en gustos, y en otros temas más profundos de los que hemos hablado. Así que nos vamos acercando cada vez más la una a la otra, para hacer actividades juntas, en esos ratos que decidimos compartir nuestro tiempo.

La semana se pasa rápido, camino descalza, me doy barros tomando el sol, leo y descanso bajo los árboles. Mi cuerpo y sobretodo mi alma, necesitaba este reposo tan reconfortante y agradable. Y toca irse, pero me llevo una experiencia inolvidable, recuerdos y experiencias inexplicables, llenos de carisma y buenas maneras. ¿Qué más se puede pedir?.

Además, me llevo una nueva amiga, con la que me he relacionado tanto, hablando y hablando, resulta que vivimos muy cerca, en la misma ciudad. ¡Que casualidad!, así es el destino, generoso como el que más, y también caprichoso, por traerme a este lugar tan bello.

Me siento muy agradecida por esta vivencia, sencilla pero muy potente. Parece que llevo aquí años, en vez de días, debido a que me he abandonado totalmente a la experiencia. He disfrutado mucho, me he dejado llevar por el momento sin pensar en nada más. He dejado atrás recuerdos tristes, y he dado un pasito más, en el sentido de sentirme, conectarme y abrirme a nuevas decisiones que debo tomar.

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