Un paréntesis en el tiempo

En mi último cumpleaños, no muy afortunado por cierto, llego a la drástica conclusión, de que me apetece cambiar de vida. Y después de unos días de mucho pensar, tomo la dura decisión, de dejarlo todo y tomarme un año sabático.

La gente que me conoce, incluida mi familia, se echa las manos a la cabeza, espantados. Y me tratan de loca. Quizás no me conocen tanto como ellos creen. Y no son conscientes del dolor que me produce el no encontrarme bien en ningún aspecto, con una insatisfacción personal impresionante.

Quien entiende de estas cosas, es aquella persona que ha vivido algo parecido, y se siente identificada con tamaña experiencia. ¿Pero y los demás?. La gran mayoría prefiere quedarse como están, por muy duro que sea. El vivir así, de esta manera. Siendo esclavos de las emociones destructivas que llevan dentro, es una opción, que les lleva directamente a la infelicidad.

De todas formas, cada uno que decida lo que quiera, yo me tomo este tiempo y punto, y me da igual lo que piensen los demás. Porque si me fío de las opiniones ajenas, muchas veces no muy acertadas y casi siempre condicionadas por sus propios miedos. Al final no hago nada de lo quiero hacer. Y luego puedo arrepentirme, por no haber aprovechado mi momento.

Para madurar internamente, hay que tener experiencias propias. De esas que te mueven por dentro, que te hacen sentir muy viva, aún sin pretenderlo. Cometer todo tipo de errores, con los que se aprende mucho, pues yo creo que nunca hay decisiones mal tomadas. Simplemente a veces las cosas no salen como habíamos pensado. Pero no pasa nada…

El tema es que ya nada en mi vida me genera ilusión. Y lo que es peor, no tengo ningún tipo de aliciente para tirar para adelante, ningún objetivo a la vista. Parece que nunca va a surgir algo nuevo, y ya solo me queda una absorbente rutina que me tiene atrapada. Es como tocar fondo, y me planteo, ¿qué he hecho mal?, ¿en qué he fallado?. Ahí es cuando toca tomar medidas urgentes.

Este tiempo que me voy a tomar, lo voy a hacer pidiendo excedencia en mi trabajo. Lo necesito, sobretodo, para tomar decisiones de qué quiero hacer de verdad. Quizás quiero otro tipo de trabajo o a lo mejor empezar en otro lugar desde cero, de la nada. Hasta ahora me he dejado llevar por las circunstancias, y este es el resultado.

Así que, decidida del todo a irme, ya tengo todo preparado. Por supuesto me voy lejos de todo y de todos, incluida la familia. Elijo para iniciarme en esta especie de retiro un país determinado, mágico para mí, que tengo muchas ganas de conocer y que me inspira paz y bienestar. Tengo dinero ahorrado, así que no voy a escatimar en gastos. Me voy a ofrecer esta oportunidad como un regalo.

No me planteo ninguna ruta determinada, se irá viendo, donde acabaré. Quizás vaya saltando de país en país, ¡ya veremos!. No quiero tener todo estructurado ni programado. Por primera vez en mi vida, me voy sola, a la aventura. Y me gusta la idea, la incertidumbre que siento dentro de mí, haciéndome cosquillas en el alma.

Algo me dice que esta decisión va a marcar mi vida, con un antes y un después. Y es tal la ilusión que empiezo a sentir que de algún modo algo empieza a cambiar ya. Estoy más contenta, preparándolo todo, aunque mucho equipaje no voy a llevar, quiero ir ligera, sin cargas de ningún tipo.

Y llega el día de las despedidas. Me abrazo fuerte a mis seres queridos, uno a uno, con  gran intensidad. Para llevarme un poquito de su esencia conmigo, y así cuando los eche de menos, los sentiré más cerca. Eso sí, prefiero ir sola al aeropuerto, porque no soporto ese tipo de situaciones, en las que todo el mundo se pone triste, como si no fuera a volver jamás.

Cuando ya estoy viajando, tengo una sensación extraña, de ligereza. Como si hubiera dejado atrás mucho lastre, mucho pasado que ya no me sirve. Sólo el tener esta nueva opción, es muy especial para mí.  Y estoy segura de que no estoy huyendo de nada, solo necesito tiempo para sentirme, para auto-descubrirme.

Esta vez me he hecho caso, y me he dado lo que necesitaba. Respetando mi forma de ver las cosas, y priorizando lo realmente importante para mí. Sólo el ser capaz de ver todas estas circunstancias, ya me produce  placer, y me reafirma en mi decisión final. Lo demás poco importa…

Y con este pensamiento, me duermo, ya no recuerdo más… hasta que llego a mi destino. Y ahí me quedo, perdida en el tiempo.

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