A cualquier edad

Aprovecho que estoy de viaje, y que me pilla de paso, para quedarme unos días en una ciudad preciosa donde vive una pareja a la que quiero mucho. Hace poco tiempo que nos hemos visto, pero siempre apetece rodearse de buenos amigos. Son unas personas maravillosas, con las que me siento muy bien. Alegres y divertidos.

Me instalo en mi hotel, y quedamos a cenar esa misma noche en un lugar conocido. Me comentan que vienen con una amiga suya, y yo encantada. Pues siempre estoy abierta a conocer a gente nueva.

Ya cuando nos encontramos, después de saludarnos de una forma efusiva con muchos besos y abrazos, me percato de que su amiga, a la que me presentan, es mucho mayor que ellos. Incluso de una edad avanzada. No me sorprende mucho, pues según son de cariñosos con todo el mundo, ¿por qué no van a ser amigos?.

A medida que transcurre la cena me voy sintiendo más sorprendida. Esta mujer desprende por todos los poros de su piel una clase exquisita. Además es muy graciosa, y está llena de vida. Su rostro, muy bello aún, cuando habla, se ilumina.

La miro embobada, y cuando empieza a contarme su historia, un poco resumida claro, pues ha sido hasta ahora muy intensa, ¡no te puedes imaginar como me quedo!, no me lo esperaba.

Esta mujer, nació en una casa de buena familia, culta y muy preparada para la vida, como se suele decir. No ha trabajado nunca, porque realmente no le ha hecho falta, tampoco le ha apetecido ni le ha dado la gana. Y a mí, me parece estupendo. Pues con el dinero recibido por parte de su familia, ha podido vivir siempre muy bien.

Por otro lado, soltera. Compartiendo durante mucho tiempo casa con su amante. Un hombre casado, con el que mantuvo relaciones hasta que él murió hace unos años. Dice que ha sido el hombre de su vida, su gran amor. Pero aún así, por diversas circunstancias, han mantenido este tipo de relación. Sin poder avanzar más, ni casarse, o cualquier otra opción que hubieran deseado tener.

Lloró su muerte como la que más, y con enorme tristeza recibió la noticia en la distancia, pues los hijos de él no la dejaron acercarse al hospital donde estaba. Se despidió de su amor como pudo, a su manera. Pero todavía hoy, al recordarlo, sus ojos se llenan de lágrimas. No me puedo imaginar su dolor en esta situación.

A pesar de todo, la miro y veo a una mujer fuerte, llena de garra y ánimo. Pero muy sensible a la vez, transmite mucha paz e ilusión por la vida. Me gusta como viste, moderna pero moderada, sin excederse. Lleva taconazos, que observándolos, creo que yo no sería capaz de mantenerme sobre ellos. Ella en cambio, camina con gracia y encanto.

Seguimos toda la cena con esta charla tan especial, contándome muchas cosas más. Y en un momento dado, me llama poderosamente la atención, que al hablar genera un gran interés en todos los que la escuchamos. Me doy cuenta de lo que ocurre, no simplemente brotan palabras de su boca, sino que están llenas de tal emoción y profundidad, que sin saberlo desnuda su alma, y sin querer te llegan al corazón.

Al terminar, salimos del local, y como si nada, nos dice, – ¿Qué, nos vamos a bailar? -. Parece ser que sale mucho, tiene energía para dar y tomar. ¡Eso me cuentan mis amigos!. Actualmente viaja bastante, no para. Quiere aprovechar cada gota de la vida que le queda.

Es de estas personas que te enchufan vitalidad. Que te hacen ver, que a veces las cosas no vienen como esperas, pero que igualmente hay que experimentarlas plenamente. Perdemos tanto tiempo, en general, quejándonos de todo, que se nos olvida disfrutar la vida. Que por cierto,  es lo más importante.

Nos despedimos con un hasta pronto, ya entrada la madrugada, y ella tan fresca. Riéndose sin parar. Da gusto verla, la verdad.

Creo que siempre guardaré su imagen de recuerdo en mi mente. Como referencia para vivir intensamente, independientemente de la edad que uno tenga. Parece que al cumplir años la mayoría perdemos las ganas de casi todo. Nos sentimos mayores para cualquier cosa. Perdemos la ilusión, y ya no tenemos objetivos, retos que nos ayuden a seguir superándonos.

Pero si perdemos las ganas de vivir, ¿realmente estamos vivos?. Todos pasamos momentos amargos, pero el tiempo todo lo cura, y necesitamos superar estas situaciones sobreponiéndonos a ellas, para poder seguir adelante con ánimo.

El único consejo que me dio esta mujer, cuando nos despedimos, fue: – Trata siempre de ser muy feliz, todo lo que puedas -. Y en ello estoy, aunque a veces me cuesta. Cada vez un poco más consciente y despierta.

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