El triste adios

Salgo a pasear a mi perrita ya bastante tarde, cuando el calor ya no es tan molesto, y se puede hacer dicha actividad. Aprovecho a caminar un rato con ella y también a sentirme, haciendo un repaso de todos los acontecimientos vividos durante el día, pues me ayuda bastante a equilibrarme, aprovechando así, todo el material emocional surgido como aprendizaje.

Encontrándome en esta situación, a mi aire, se acerca otra mujer con su perrita también. Monísima, por cierto. Es un cachorro, se nota. No para de saltar y jugar.

Las perritas se juntan, tirando fuerte de nosotras, y sin poder evitarlo, nos acercamos para que ellas se reconozcan. Ocurriendo así, como otras tantas veces, cuando se empeñan en mostrar su voluntad a los dueños, que nos adaptamos de forma circunstancial.

Salgo en un momento de mi ensimismamiento, para centrarme en lo que ocurre, y me encuentro con una mujer de gran sonrisa. Parece muy amable y abierta, y así me lo demuestra cuando empieza a contarme su vida, sin más preámbulos.

Todo viene a colación debido a mis halagos hacia su perrita. Está encantada con ella, y por cierto, es preciosa. Comenta que le hace muy feliz el tenerla, ya que en los últimos tiempos grandes desdichas han acontecido en su vida. Le ha venido muy bien para estar ocupada, pues vive sola en este momento, y ama a los animales con locura desde siempre.

Me cuenta que hace dos años se ha quedado viuda, que su marido murió después de trece años de marchitarse poco a poco, pasando en el camino muchas penurias y sufrimientos, debido a una de esas enfermedades tan crueles que aparecen y ya no se van, de esas en las que el cuerpo se rinde a tanto dolor, más incluso del que puede soportar.

Me explica, con ojos vidriosos, como él luchó hasta el final, pero la enfermedad se lo llevó. Mientras habla, entiendo como llegó su hora, su momento, y que nada se puede hacer cuando esto ocurre, más que despedirse del ser querido de la mejor forma posible, expresando todos los sentimientos que podamos tener, pena, rabia, tristeza o amor. Cada cual con su historia, pero siempre sintiendo el dolor de la separación.

Yo no hablo, no puedo. Sólo escucho a esa mujer, que me esta abriendo su corazón. Ahí, en un rincón de cualquier calle, sin conocernos de nada. Mientras que las dos perritas se distraen jugando.

Me sorprende un hecho precioso, acontecido durante la terrible enfermedad. Tenían otra mascota, ya mayor, que también cuidaba del enfermo y que, cuando él se desmayaba, corría a llamar a su dueña para que viniera a socorrer a su marido. Pues bien, al mes de morir él, también murió el animal. No pudo soportar la ausencia de su querido amo. Aunque está claro que para su mujer, ha sido un doble dolor, difícil de soportar.

Tantos años sufriendo hicieron mella, y quedó destrozada y agotada. Arropada eso sí, por toda la familia, incluso por su suegra, que vive en la casa de al lado, y ha sido siempre un enorme apoyo para ella. Se han consolado mutuamente. Está claro que no está sola, pero se sigue sintiendo muy vacía.

Así que, después de dos años del terrible desenlace, un buen día, su hija, que ya tenía su propia vida, le presentó a un hombre, que ella conocía bien, y le parecía ideal para su madre. De la misma edad y con muchas cosas en común. Pensó que podrían ser amigos, ¡por lo menos!. Para salir juntos y divertirse un poco.

La cosa cuajó, y amigos se hicieron, pero en este momento ya son novios. Ha sido él quien le ha regalado la nueva perrita. Pensó que le sentaría bien tenerla. A mí me ha parecido un gran detalle, significa que piensa en ella de una forma especial. Y que conoce muy bien sus necesidades.

¡Parece que tiene buena pinta, la cosa!, pero de pronto, ella me dice: -Estoy bien con él, pero nunca será lo mismo-. Se refería a que con su marido ha sido tan feliz, que es muy difícil volver a tener una historia de amor tan grande. Al hacer esta afirmación, le invade de nuevo la tristeza. Todavía le cuesta aceptar la realidad. Una vida perfecta truncada, inexistente ya, salvo en su mente. Mantenida sólo por sus recuerdos.

De hecho, con su nuevo novio, tiene bastantes reservas. Ni siquiera se plantea el tema de aventurarse a vivir juntos. Por ahora, se siente desbordada para tomar esta decisión, y cada uno sigue en su casa. Aunque siguen saliendo.

Al despedirnos, solo me atrevo a decirle que se dé a sí misma la oportunidad de ser feliz de nuevo, que no se cierre a esa posibilidad. Creo que sin saberlo, no permite que ocurra. Porque entonces, se sentiría culpable. ¿Quizás por seguir viviendo? ¿Por gozar de un nuevo amor?.

La veo irse con su nueva perrita. Y sólo puedo desearle mucha suerte con su nueva vida. Ojalá aproveche las nuevas oportunidades que se le están ofreciendo. Pero es ella la que decide como será su futuro, y ahí nadie más puede ayudarla.

Qué complejos son los sentimientos, y qué simples a la vez. Partimos de la base de que todos queremos, en el fondo de nuestra alma, ser felices. Pero a veces, nos perdemos en el dolor, y nos instalamos en él. Nos boicoteamos cualquier nueva oportunidad de encontrar ese lugar en nuestro corazón, donde nos encontremos plenos con una nueva opción.

Me vuelvo a casa satisfecha. Me ha gustado mucho conocerla. Me siento agradecida por su confianza, su sinceridad. ¡De forma espontánea me ha hecho vivir tantas emociones guardadas en su corazón!. Como un gran tesoro escondido, del que disfruta cuando se conecta a su pasado. Reviviéndolo una vez más.

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4 thoughts on “El triste adios

  1. Muy bien contado y muy triste a la vez.
    Es que ella, a pesar del tiempo, todavía no dejo irse a su ex y lo pone delante de su felicidad.
    Pero si él la quería, estoy seguro que la querría ver contenta de nuevo.
    No olvidarlo pero si dejarlo ir, que es distinto.
    Buenos sueños.

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  2. Me gusta que en tu narrativa de los hechos, siempre mostraste empatía por las aflicciones que atravesaba la persona doliente. Ha sido un gesto humanitario de gran valía y un ejemplo de vida.
    Nada como la realidad. Gracias por compartirlo.

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