Una familia más

Hoy tengo una reunión con unas amigas en su casa, no nos vemos mucho, pero de vez en cuando, nos gusta quedar tranquilamente, dedicarnos tiempo, tomarnos algo, y contarnos qué está pasando en nuestra vida.

Al llegar, puedo observar que hay alguien nuevo. Una compañera de trabajo de ellas que se ha apuntado al evento. Nos presentan, y la verdad, me cae muy bien. Una chica aparentemente con hiperactividad, que la mayoría ve como algo positivo, e incluso con cierta envidia, por ese exceso de energía que pone en todo lo que hace. Piensan esto, sin tener en cuenta, que para que alguien funcione así, no puede estar muy bien por dentro. Seguramente se mantiene “super-ocupada” para no sentir y no pensar en nada, ya que no le resta tiempo.

La charla comienza con mucha alegría, parece que hoy estamos todas un poco exaltadas, con ganas de disfrutar este tiempo que nos dedicamos. De momento yo me mantengo callada, observando. Pues he llegado la última, y todavía estoy entrando en situación.

Hoy ha salido el tema “familia”, con las problemáticas consabidas, que normalmente son bastante habituales. Lo reconozcamos o no.

Todavía son muchos los que intentan dar una imagen de familia perfecta, sobretodo en las redes sociales, donde se tiende a exagerarlo todo, pero desde mi experiencia, he podido comprobar que, precisamente, los que hacen esto son los que están peor, y con más problemas a cuestas.

Porque la cuestión es, si las cosas van bien, ¿qué necesidad hay de presumir de lo que se tiene?.  Se establecen poses determinadas de un estatus irreal que se piensa es el idóneo. Si existe “la necesidad de…”, mal vamos, algo está fallando, lo queramos ver o no.

¿Donde ha quedado la naturalidad?. Parece que ser uno mismo no está de moda. Es un tema totalmente obsoleto. ¿Será que nos hemos acostumbrado a llevar continuamente el disfraz?. Nos volvemos vulnerables cuando desnudamos nuestra alma.

Ni siquiera nos damos cuenta del desgaste energético que supone continuar un día y otro con el papel que nos hemos impuesto en la obra de nuestra vida. Nos agota sin remedio. Creyéndonos así mejores. Abandonando lo que somos, protegiéndonos y escondiéndonos tras la pose. Por si acaso no gustamos a los demás. ¡Que grave error!, y que precio tan alto pagamos a la larga.

Claro que hay muchos tipos de familias. Aunque no creo que nadie se atreva a juzgarlas, pues en todas hay errores de base, aunque sean diferentes, y más o menos perniciosos.

Simplemente es así, y lo mejor es aceptarlo, y hacer lo que podamos para reconstruirnos lo antes posible. Tratando de no cometer los mismos errores que nuestros padres y abuelos. Dependiendo de lo que nos hayan inculcado.

Ante tantas divagaciones, donde todas opinamos. En un momento dado, la chica nueva se hace oír, y todas atentas la escuchamos. Un punto de vista distinto siempre es bien recibido, desde luego.

Lo que sorprende es que se pone muy seria cuando habla, subiendo simultáneamente la ceja derecha hacia arriba, en un gesto incontrolable. Habla muy deprisa, acelerada, a la vez que mueve los brazos de forma exagerada. Va posando su expresiva mirada en todas las componentes del grupo, haciéndonos partícipes de su experiencia, que en este caso es muy dura, tremenda e inquietante.

Nos cuenta que sus padres tenían una relación insana, que nunca se entendieron, y las dos hijas que tuvieron han sufrido las consecuencias toda su vida. Ellas siempre han estado más unidas a su madre, incapaz de abandonar dicha relación por diversidad de circunstancias, sufriendo maltrato físico y psíquico continuamente, por cualquier cosa, daba igual. No se necesita pretexto alguno para infundir miedo y pegar, menospreciando y humillando sin ningún tipo de miramiento.

Cierto día, estando la familia al completo, comenzó la bronca como siempre, como una chispa de fuego.  Una discusión muy acalorada y fuerte. En la que nunca sabes que puede ocurrir. Una más de tantas. Ella se sentía muy impotente cuando esto ocurría, y aunque intentaba no meterse en el entuerto, estaba pendiente, a la expectativa de lo que pudiera ocurrir. Escuchando tras la puerta de la habitación donde se encontraban sus padres. Rezando para que pararan y que la discusión terminara de la mejor manera.

Pero en esta ocasión, la cosa sí fue a peor. El padre, en un momento dado, lleno de odio y rabia, fruto de emociones acumuladas a lo largo de los años, se abalanzó sobre la madre con un cuchillo en la mano, dispuesto a matarla y así acabar con su agonía.

Y esta hija, que lo percibió, reaccionó y se metió en medio, para evitar la posible muerte de su madre. La hoja la atravesó también a ella. Muy mal heridas las dos, fueron trasladas al hospital, donde por suerte ambas se salvaron, aunque con secuelas de por vida. Sobretodo su madre, que a partir de ese fatídico momento siempre ha estado enferma, pues el daño que le causó el ataque le dejó temas complicados de salud. Un problema añadido para sus hijas, que se han tenido que hacer cargo de ella a todos los niveles, debido a que ya no ha podido trabajar nunca más, pasando a depender totalmente de ellas.

El padre actualmente sigue en la cárcel, lleva catorce años ya. Ninguna de las tres le ha querido visitar, ni siquiera saber como está, como si ya estuviera muerto para ellas. Parece imposible el perdonarlo, tanto por parte de su mujer, como de las hijas. – No quiero saber nada de él -, nos dice sentenciando la que en este momento está con nosotras. Parece que lo tiene bastante claro. Tanto dolor ha tenido este resultado, y creo que ya no hay marcha atrás.

Me produce mucha tristeza, verla aquí, contando tan triste historia. Trato de imaginar todo su sufrimiento, y me pongo en su lugar, sintiendo como mi corazón se encoje de la fuerte sensación que me produce. También me parece muy valiente, para narrarlo con tanta sinceridad ante un grupo al que casi no conoce. Expresando de forma consciente sus sentimientos, sin ningún tipo de pudor.

Y en este momento, no se me ocurre otra cosa que acercarme y darle un fuerte abrazo. No la conozco de nada, pero siento que lo necesita. Sólo quiero reconfortarla, aportarle un poco de amor. Ella se deja llevar por mi ímpetu, y así me lo confirma, – gracias, muchas gracias -, me dice con una tenue sonrisa.

Intuyo que la historia de su familia ha afectado toda su vida. Ha luchado mucho, se ha construido un nuevo camino ella sola. Pero ese sufrimiento sigue ahí, vivo todavía. Demasiado esfuerzo para hacer cualquier cosa, sin sentirse merecedora de nada. Con la sensación de que no es valiosa para ningún hombre, pues la mala relación con su padre le ha marcado, y mucho. Aunque ella intente obviarla.

Espero que me haga caso, que se deshaga de ese dolor tan tremendo que lleva dentro. Incluso que pida ayuda a un buen profesional si lo necesita. Porque le resta plenitud a su vida, por mucho que intente seguir para adelante tratando de olvidar todo su pasado, y dejarlo atrás sin más, inútilmente. Vaya a donde vaya, la persigue…

Cuantas emociones contenidas con la familia, penas y sufrimientos difíciles de digerir. Trampas que nos ponemos, con el “no pasa nada, todo está bien”. Puede que tengamos que reflexionar sobre esto. Sentir qué pasa con nosotros. Si podemos ser víctimas sin saberlo de algún tipo de secuela antigua, que nos está condicionando la vida.

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4 thoughts on “Una familia más

  1. Es un tema a veces complicado, hablar de la familia si se tiene una, y más aún cuando hay problemas tan serios como el que ahora presentas.
    Que sí. ..Dejan secuelas muy marcadas en nuestra vida y muchas veces no sabemos pedir ayuda.
    Es muy importante hacerlo y hacerlo a tiempo.

    Me ha gustado mucho leerte.

    Te dejo un abrazo sincero y saludos

    Me gusta

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