El regreso de las vacaciones

Después de todo el año de rutina en el trabajo, llega el deseado verano, y todo el mundo está como loco por viajar y disfrutar. Parece que los problemas se olvidan, y en lo único que pensamos la mayoría es en escapar del lugar donde vivimos, normalmente, de nuestra casa, y de todo lo habitual.

Me llama poderosamente la atención, el deseo tan fulminante de escapar de nuestra vida. Es como si durante esas vacaciones, duren lo que duren, el objetivo principal es tratar de olvidarnos de todo lo que dejamos atrás. Salimos prácticamente corriendo, lo más deprisa que podemos, con la única pretensión aparente de poner distancia.

Unos se marcan en este periodo, como objetivo primordial, poder relajarse y recuperar la armonía, otros quieren desmadrarse y divertirse todo lo que puedan. También seguro que habrá alguien que no quiere conseguir prácticamente nada. Dependiendo quizás de las necesidades que cada uno tenga en ese momento, aunque también influyen las edades y en qué punto se encuentren en cuanto a lazos afectivos. Tener o no su propia familia, condiciona bastante el tema, pues no es lo mismo que estar solo, se mire por donde se mire.

Lo que está claro es que cuando el deseo por escapar, es tan febril, y desbordado de entusiasmo, normalmente expresa de forma concreta y correcta, como nos encontramos, y explica bastante bien, el tramo que estamos pasando de nuestra vida.

Todo comienza meses atrás, cuando ya se van preparando los viajes mentalmente. Quizás a algunos incluso les puede ayudar, esta ilusión, a superar el tiempo de espera. Como si ese tiempo vacacional, fuera el único en el que nos podemos permitir disfrutar. Cada uno busca el lugar aparentemente ideal, normalmente realizando la elección basándose en las actividades que cada cual quiera realizar.

Este año, reflexionando sobre el tema, he pensado, ¡qué triste plan!. Todo el año trabajando sin parar, con un montón de actividades que no nos dejan respirar tranquilos, pero que, a la vez, nos hacen sentir más cultos y curtidos. ¿Quizás más inteligentes también?. Incluso al que se le ocurre vivir relajado y tranquilo, le miramos mal, sin llegar a entender porqué lo hace.

Para cogernos luego un corto tiempo de vacaciones, en las que tenemos que disfrutar nos apetezca o no, aunque solo sea  para recuperar el tiempo perdido.

Tenemos prisa para todo, el reloj no se para nunca. Hay veces que intentamos aprovechar cada minuto y otras nos perdemos en el mismo tiempo. ¡Qué lío tenemos!.

Habría mucho que reflexionar, sobre como gestionamos nuestro tiempo, en cuanto a nuestras prioridades y preferencias.

El caso es que nos genera hasta ansiedad el periodo corto que tenemos de disfrute, que a veces también lo vivimos con hiperactividad, para poder aprovecharlo al máximo.

El resultado es que no nos desintoxicamos del cansancio, pues lo único que hemos hecho es cambiar el escenario. Pero nuestro comportamiento es el mismo, vayamos donde vayamos. Es como llevar una mochila a cuestas, que te recuerda que eres lo que eres, y estás como estás, recordándote además, que unos días de evasión no van a cambiar nada de lo que no te gusta de tu vida.

Y yo me planteo la siguiente cuestión, ¿Por qué necesitamos evadirnos de nuestra vida?.

Una posibilidad, es que no nos guste nuestra realidad. De hecho, muchas personas, después de regresar, se plantean un cambio. Incluso sufren una especie de depresión pos-vacacional.

Otra opción es que estemos enredados, sin saberlo, en esta sociedad consumista en la cual todo el mundo tiene que funcionar de la misma manera, como si fuéramos todos iguales, hacer las mismas cosas, y si puede ser a la vez, para estar más juntitos. En la playa, la montaña o donde sea.

Termina este periodo y volvemos de nuevo a nuestra rutina. A la semana de la vuelta estamos igual, por mucho que creamos que hemos descansado. Nos acabamos de incorporar, y ya ni nos acordamos de lo que hemos disfrutado.

A veces siento que vivimos esclavos de todo tipo de obligaciones impuestas por el mundo en el que nos ha tocado vivir. Quizás nos convenga, en la forma que podamos, salirnos de la zona de confort en la que estamos y lanzarnos a investigar otros derroteros sin miedo a perdernos.

Es normal tomarnos días para descansar, cambiar de lugar y divertirnos. Pero desde mi punto de vista, lo importante es estar satisfechos con nuestra realidad, y que esos viajes sean un plus de felicidad, no una improvisada medicina.

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