El gran engaño

Sin darnos cuenta, la sociedad nos mete en una enorme trampa consumista que nos arrastra a comprar sin medida, incluso lo que no necesitamos para nada, por el mero hecho de tenerlo de adorno en casa.

Luego llega la segunda parte, cuando nos damos cuenta de la inutilidad del objeto, pues ha pasado el tiempo y no lo hemos usado, a veces ni siquiera estrenado, y además ya no tenemos sitio para nada más en nuestros armarios. ¿Qué hacer con este trasto?

Entonces lo tiramos. Y gracias si lo llevamos al punto limpio, para que por lo menos no contamine al medio ambiente, no como hacen algunos, que lo tiran en cualquier sitio. ¡Que hay de todo en la viña del Señor!.

El caso es que en nuestro afán de poseer cuantas más cosas materiales mejor, nos dejamos llevar por la ansiedad de gastar nuestro dinero sea como sea, ¡si lo tenemos, claro!, porque también hay mucha necesidad, que no todo el mundo es tan afortunado.

En realidad, nos metemos en un circulo vicioso del que no podemos escapar fácilmente, pues está todo montado para que lo prioritario sean los intereses económicos de algunos, que se enriquecen a nuestra costa, sin ningún tipo de escrúpulo. Mientras la mayoría de los mortales, bastante tenemos con sobrevivir, así que, nos dejamos manipular sin remedio, sin ni siquiera pararnos a sentir que necesitamos realmente.

Y no estoy diciendo que no nos demos lujos. Nos merecemos vivir nuestra vida lo mejor posible, siendo bueno rodearnos de cosas bellas, viajes maravillosos, y disfrutar de temas lúdicos que nos gusten. ¡Por supuesto que sí!.

De lo que hablo, es de reconocer cuando entramos en el túnel del consumismo loco, fruto normalmente de nuestras propias inseguridades y de los desequilibrios existentes en nuestra vida, de que seamos conscientes de cuando estamos llenando los vacíos de nuestro interior con diversidad de cosas materiales.

Comprar y adquirir es bueno, pero siempre de forma inteligente y honesta. Dándonos caprichos, por supuesto, premios que necesitamos después de tanto esfuerzo. Ponernos la vida más fácil es consecuente y sabio, pero, lo contrario, ¿dejarnos invadir por la ansiedad y el abuso realmente nos beneficia en algo?. Yo, no lo creo así. Buscamos la salida fácil a nuestro sufrimiento. Cosas con las que nos sintamos mejor un ratito, mientras las hacemos… pero luego volvemos a sentirnos igual, o peor, porque en el fondo de nuestro ser, sabemos que no vamos camino de resolver el problema real que tenemos, sea el que sea.

En este mundo de apariencias y poses, en el que cuesta encontrar la verdad de cada cual, nos movemos como pez en el agua, ya que parece que es lo normal. El raro, es aquel personaje que se esfuerza por ser diferente, salirse del rebaño y batirse por conservar su frescura, por mantener la naturalidad de su personalidad oculta. Su gran verdad.

Parece que el valor de lo que somos, está medido en proporción a las posesiones, sean del tipo que sea: prestigio, dinero, bienes o apellidos. Cualquier cosa que pese lo suficiente como para ganarse el reconocimiento ajeno y poder acceder a círculos privados de la sociedad, donde se supone que tu valor es proporcional al de tus posesiones.

Es ya mucha la gente que nada más conocerte te pregunta: -¿Y tú qué eres?-, como si el cargo de cada cual fuera la identificación personal. Ante esto yo suelo contestar, -Yo, soy yo misma,  -¡te parece bien!-.

En orden de prioridades, lo esencial debería de ser la persona, pero no siempre es así. Prima mucho el cargo desempeñado, el lugar donde vives o la familia a la que perteneces. Y esto es bastante triste, ¿no crees?.

Lo importante es que veamos de forma clara, la diferencia de lo que se compra por aparentar, y nuestras necesidades esenciales, que por supuesto tienen que ser satisfechas, pues es lo saludable y lo natural.

El resultado final es el que establece el equilibrio creado en nuestra realidad. El que nosotros establezcamos como normal. Sin dejarnos llevar por modas, u otro tipo de influencias superfluas que no nos ayudan en nada para ser felices de verdad.

No nos dejemos engañar por las listas de objetos recomendados para aliviar nuestro día a día. Mostrémonos como somos, dándonos la oportunidad de cometer errores, de estar cansados y de no ser perfectos, ¡estupendo!, eso somos la mayoría, ¿y a quién le importa?.

Disfrutemos de empezar a ser nosotros mismos. Sabiendo que para tal hazaña, no necesitamos ningún objeto externo, nada de nada. Solo sentirnos por dentro, ¿te parece poco?. No es sencillo, estoy segura de ello, pero sí maravilloso, si soy valiente y me permito avanzar en este sendero.

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