Rozando la piel

El ritmo acelerado de la sociedad actual nos lleva tan deprisa por la vida, que nos cuesta saber como estamos en cada momento y apreciar de forma clara los sentimientos reales que tenemos e, incluso, en qué condiciones está nuestro cuerpo, que soporta como puede el gran tobogán de emociones al que le sometemos, y en el que nos movemos normalmente.

Vamos corriendo casi siempre, detrás de todos los quehaceres que nos hemos marcado como actividades normales en nuestro día a día, y cuantos más mejor. Así llenamos nuestra agenda a rebosar, sin apenas huecos para descansar, para sentirnos profundamente y ver como estamos, descubriendo así lo que realmente nos apetece hacer, aquello con lo que disfrutamos.

Puede que, de esta manera, nos sintamos más importantes. Incluso nos parece interesante conocer a alguien de estas características. Quizás, le consideremos más inteligente, o con ciertas facultades especiales difíciles de imitar. Y esto sin pararnos a pensar en la verdadera calidad para nuestra vida, que sin embargo, es el mejor regalo que nos podemos dar.

¿Pero de qué estoy hablando?. Simplemente de estar en nosotros, de sentirnos, respetando nuestros tiempos, y darnos lo que realmente nos hace felices en todos los sentidos. Aunque nuestro entorno no esté de acuerdo.

Esto que parece tan simple, la verdad, es bastante complicado. Requiere mucho compromiso personal, y mucho trabajo con uno mismo antes de poder ponerlo en práctica.

La sociedad actual desde luego no ayuda mucho en este cometido, pues parece que lo único que importa es el trabajo, y todo lo que conlleva. Como si fuéramos robots creados sólo para trabajar y consumir dentro de algún tipo de esclavitud camuflada.

Estamos en el gran círculo donde nos movemos normalmente. Trabajamos todo lo que podemos, y todo lo que ganamos lo repercutimos de nuevo en la sociedad. Por lo menos la gran mayoría.

El caso es que estamos tan metidos en el día a día, que nos olvidamos de nosotros mismos, siempre pensando en el pasado o el futuro, sin vivir plenamente el momento presente, que en realidad es lo único real que tenemos. ¿Será porque no nos gusta lo que vemos?, o quizás lo que ocurre es que nadie nos ha dicho que las cosas pueden ser de otra manera.

Normalmente seguimos las pautas heredadas, tanto de la familia como de la educación recibida. Salvo que tengamos interés por investigar un poco más allá del circulo creado, pudiendo de esta manera, tener la suerte de encontrar otras formas y maneras de resolver nuestros propios conflictos.

Otras veces lo que ocurre es que a partir de una enfermedad o cualquier experiencia extrema, decidimos cambiar el chip, y nuestra vida da un vuelco total. Nos replanteamos nuestra forma de vivir, con todo lo que engloba. La pregunta es: ¿por qué necesitamos vivir experiencias tan duras para tomar decisiones que atañen a nuestro propio bienestar?.

Siempre estamos a tiempo de darnos todo tipo de oportunidades, claro que para eso, nos tenemos que sentir merecedores de algo mejor, y esto no siempre ocurre. Entonces, para no hacer los cambios oportunos, nos justificamos con la edad, la situación económica del mundo, o con la misma familia, que a veces nos condiciona bastante.

Parece que es más fácil seguir las normas establecidas que guiarnos por lo que sentimos que tenemos que hacer. De ahí, tanta frustración actual en la sociedad. Son muy pocos valientes los que hacen realmente lo que les gusta, y aunque otros muchos lo intentan, siempre se están replanteando dejar de intentarlo, y volver al redil, haciendo así lo que alguien les dice que es lo mejor para ellos.

Cuando junto mis manos, una con otra, tengo una sensación determinada. Si me centro en vivirla durante unos minutos, me estoy permitiendo sentirme. Un acto tan simple, me puede hacer ver cuanto tiempo dedico al día en ver como estoy.

De todas las actividades al cabo del día, ¿en cuantas estoy consciente en el momento que las hago?, o simplemente las tomo por rutina… sin disfrutarlas.

Podemos replantearnos esta cuestión o no, es nuestra elección. Pero es lo que marcará la diferencia entre vivir plenamente o ir de puntillas por el mundo, sin comprometernos realmente con nada.

Creo que podemos construir un mundo mejor, pero todo empieza en nosotros mismos.

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