Los tiburones de la empresa

Después de mucho esfuerzo, acompañado de una gran decisión, he conseguido entrar en la Empresa adecuada, para ocupar el puesto soñado desde hace tiempo, que engloba todas las facetas que necesito experimentar en este momento.

Ya tengo experiencia en diversos sectores, pero me atrae enormemente este nuevo reto, que supone mucha responsabilidad en mi quehacer diario.

Lo que más me cautiva es que, en este caso, yo misma me organizo la agenda, sin horarios previamente establecidos. Me gusta trabajar sola y perseguir unos objetivos, dando lo mejor de mí misma, que ya tiene mérito la cosa.

En definitiva, pertenezco a un equipo, pero cada uno del grupo es independiente, eso me da la libertad que estoy buscando, y sobretodo creo que puedo aprender mucho de esta experiencia, que me parece lo más importante para mi carrera profesional.

Al principio todo va de perlas. Una vez hechas las presentaciones y después de pasar unos meses de prueba, ya me siento como en casa, cada vez más segura de mi misma y con ganas de triunfar. Todo indica que he cuajado divinamente, así que me siento feliz por tener esta gran oportunidad para mí.

Pasa el tiempo, y compruebo que el trabajo en sí mismo me encanta, habiendo tenido que ponerme al día en temas específicos que necesito, pero hasta me parece divertido en vez de verlo como un muerto. Todo va genial, mis resultados son muy buenos, y así me lo hacen saber por parte de la dirección. Mi proyección es increíble, y esto me alienta a seguir en esta línea de trabajo y esfuerzo.

Pero como en todo, no existe la perfección. Así que, en una reunión de equipo, mi jefe me informa de una nueva incorporación a la empresa. Nuestro departamento está creciendo bastante y necesitamos más ayuda, así que han seleccionado a un conocido para que ocupe un nuevo puesto.

Y no es que esto me moleste, esta no es la cuestión, es más bien que cuando me lo presentan, la verdad, me parece un chico extraño. Con una pose de estirado, y una gran sonrisa nerviosa, de esas que te echan para atrás, por si acaso.

También puedo ver como le tiemblan las manos, estamos en un cóctel, y trata de disimular, con muchas atenciones y algún chiste, más que nada para hacerse el simpático. Busca un acercamiento amistoso con todos los compañeros, incluida yo, claro.

Confío en mi instinto, y algo me dice que tenga cuidado. Siempre me puedo equivocar, pero como otras veces, de esas en las que hago caso a mi olfato, trato de mantener cierta distancia.

Con el tiempo he comprendido, que es muy inteligente, rápido y exageradamente astuto. Su ambición no tiene límites. Y su descaro tampoco. Sabe conocer las debilidades de los demás perfectamente, indaga en ellas, y  aprovecha su ventaja en el momento adecuado.

Es la típica persona que va por el mundo dando pena, contando sus desdichas, asumiendo ser víctima, y sin embargo, siendo justamente todo lo contrario. Algo curioso que he observado, es que cuando alguien va así por la vida, dando pena, los demás le compadecen, entran en ese juego a saco. Con el tiempo, he llegado a la conclusión, de que puede resultar más fácil en general, querer y apreciar a alguien a quien consideras más desdichado que tú… Por lo menos eso parece que le ocurre a una gran mayoría en la sociedad actual.

En cuanto a mí, ¡claro que le doy una oportunidad de compañera!, pero cuando realmente le conozco, tomo de nuevo distancia. Eso sí, hablo con él a solas, soy honesta y se lo explico bien claro: – No te quiero cerca de mí, mantén la distancia, te lo ruego. No me gusta nada como funcionas. – Él simplemente sonríe. Sabe perfectamente de que le estoy hablando.

Veo como actúa, y no quiero estar involucrada en sus actos. Aunque el ser tan sincera no me beneficia en principio, parece que lo comprende y por lo menos no intenta hacerme daño en ninguna faceta profesional.

En poco tiempo, fastidia a mucha gente. Normalmente, a aquel que le estorba en su camino de conseguir lo máximo. Sencillamente lo desplaza, encargándose personalmente de que lo echen de la empresa, con mentiras y artimañas. Es tan impresionante su actuación, que llega a generar miedo en los demás compañeros del equipo que tienen que trabajar con él de algún modo. La mayoría, que ya conoce como funciona, opta por hacerle la pelota, que es bastante más productivo. Su ego va engordando a marchas forzadas.

Su ascenso es fulminante, inexplicable con palabras. Logra lo impensable. Es el embaucador más grande que he conocido jamás. Bueno, esto también tiene su mérito… Llega incluso a convencer a altos cargos de su valía profesional. Y aunque sus resultados no son tan buenos, cada vez tiene más responsabilidad. Crea tal burbuja de su propia imagen, que llega un momento en el cual se le escapa de las manos.

Y yo mientras, observando, viendo su historia como una bola de nieve, creada con mentiras y todo tipo de engaños. Cada vez más grande, e imposible de controlar. Pero lo más alucinante, es que prácticamente todo mi entorno está abducido por él. Arrasa con su personalidad, y sólo presta atención a aquellas personas que le interesan para conseguir lo que sea. Incluido el grupo directivo, que parece no enterarse de nada, dejándolo hacer lo que quiere, sin ningún tipo de sospecha.

Pero como suele pasar, el tiempo coloca todo en su sitio tarde o temprano. Entonces, comete el error de dejarse llevar por su ambición desmedida, seguro de poder conseguir todo lo que quiere, sin reparos. Así que decide pedir unas cuentas especiales y bastante complicadas, para llevarlas él sólo. No pasa un año, cuando se produce algún tipo de desfalco bastante gordo, que intenta subsanar cuando explota todo. Alega que le han robado, pero las pruebas son concluyentes y nadie le cree.

A aquellos que le tienen como un Dios, se les cae la venda, y los demás, se alegran de que se vaya. Por mi parte, una vez más me doy cuenta de que actúe bien, y por ello me siento satisfecha. De hecho, al despedirse, me dice: – Eres la persona más valiente y coherente de toda la Empresa. –

Lógicamente me quedo con la boca abierta, no me esperaba esta especie de halago por su parte, pero por una vez veo en sus ojos que me está diciendo lo que siente. Y le veo irse, con su sonrisa de plástico, con la que ya ni siquiera se convence a sí mismo de nada.

Creo que es mejor correr el riesgo de perder lo que sea, antes que renunciar a nuestros valores personales. Porque  si nos dejamos arrastrar por el miedo y aceptamos condiciones que no van con nuestra manera de sentir, estamos verdaderamente perdidos. 

Sinceramente pienso que es muy importante sentirnos bien con nuestros actos. Merece la pena reflexionar sobre la persona en la que nos estamos convirtiendo con el paso del tiempo. ¿Me gusto cada vez más, o todo lo contrario?. Esta es la pregunta que nos tenemos que contestar todos, porque siempre estamos a tiempo de rectificar lo que sea para cambiar.

Anuncios

4 thoughts on “Los tiburones de la empresa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s