Tomar perspectiva

Un día de montaña como otro cualquiera, con un tiempo excepcional y buena compañía, ¿qué más se puede pedir?. El plan es hacer una marcha interesante, hasta llegar a un mirador muy conocido, donde poder apreciar unas vistas espectaculares.

Me gusta caminar tranquila, disfrutando del paraje, sintiendo la tierra que piso en cada paso que doy. Trato de apreciar la variedad de colores limpios de la naturaleza salvaje, y me dejo envolver por ellos, todo un ritual de sanación personal.

A la par, trato de estar en mi cuerpo, observando como está, cuidando de él, haciéndome cargo de ofrecerle todo aquello que necesita, y ayudándole a aminorar el cansancio que le supone semejante esfuerzo con una buena respiración, de esas acompasadas y bastante profundas, con el ritmo perfecto y adecuado que el camino me va pidiendo, sobretodo en las subidas, que son bastante duras. Respirar de forma consciente a la vez que hago el trecho, viviendo este momento plenamente.

Parece una tontería, pero damos por hecho que sabemos respirar perfectamente, aunque la mayoría de nosotros cogemos normalmente el aire justo para sobrevivir, nada más. ¿Por qué nos ocurre?. Puede que no seamos conscientes de la tortura a la que a veces nos sometemos con tan poco oxígeno, pero es tan importante hacerlo bien, que si tenemos la mínima duda, nos tendremos que plantear el aprender otra técnica más eficaz para sentirnos mejor. ¡Ganaremos en salud!.

Lo que me sorprende extremadamente es que son muchos, los que además del trajín del trayecto duro, se someten a la típica conversación con los acompañantes, recordando viejos tiempos, o dialogando de cualquier otro tema banal. Claro está que al hacer esto, enfrascados en la charla, se pierden por supuesto todo lo demás.

Parece que no son capaces de guardar silencio ante semejante escenario natural, bellísimo, por cierto… y el resultado será que acaben más agotados de lo normal.

Una cosa que me encanta, es llevarme una comida rica a estos sitios. Colocarme en algún lugar con buenas vistas y disfrutar de ambas maravillas, teniendo todos mis sentidos despiertos y en marcha. Después, reposar la digestión tumbada en la yerba, dándome un descanso merecido, observando el cielo hasta donde llegue mi mirada, uniéndome en alma con todo lo inalcanzable. Sin espacio ni tiempo que me limite.

Y encontrándome en esta situación, de pronto, llama mi atención un halcón, no muy grande, sobrevolando la zona justo encima de mí. Me quedo hipnotizada con su vuelo, y puedo hasta llegar a sentir el placer con el que se deja mecer por el suave viento, que le lleva de un lado a otro sin hacer el mínimo esfuerzo.

Tiende a hacer círculos, como si se tratara de un ritual natural, respetando su instinto sagrado, abandonándose sin más.

Me da por pensar en la perspectiva tan diferente que puedo tener cuando veo las cosas en la distancia, y me gusta esa sensación. Pues cuando estoy metida en “cualquier problema”, me siento tan atada a él, que pierdo la luz que me produce la claridad mental suficiente para ver la salida a lo que sea que me preocupa.

Tomar distancia en el momento oportuno es la clave para darme esa oportunidad. Esto significa salirme del problema en cuestión, intentar mirarlo desde arriba, al igual que hace el halcón con su vuelo particular. Observarlo así, nada más… Teniendo la sensación incluso de que no es mío, de que no me pertenece. Sólo es algo que está aconteciendo en mi vida, en mi realidad en un momento determinado. ¿Por qué lo suelo analizar como parte de mi?.

Aquello en lo que nos involucramos en demasía, acaba por desbordarnos. Todo tiene su equilibrio, así que si hay una solución real al malestar que tenemos, la encontraremos mejor desde fuera del círculo de dolor que nos produce tal circunstancia. Y si no la encontramos, quizás tendremos que aprender a vivir ese sufrimiento mientras dure, que no hay nada eterno, y todo pasa, tanto lo que no nos gusta, como lo que nos entusiasma. Y además, como decía un gran sabio, algo tendremos que aprender al respecto.

Vuelvo a mi realidad, pues toca seguir la marcha después del descanso y la reflexión surgida, que me ha sentado fenomenal, por cierto. Me produce mucha alegría el simple hecho de poder vivir en primera persona con tanta intensidad cualquier hecho que acontece, sin juzgarme ni martirizarme, tratando de sacar siempre algo constructivo para mi vida.

Al cabo de este día fantástico acabo físicamente más relajada que cansada. Con una sensación que me gusta mucho. Me voy satisfecha a casa, llena de energía contagiada por la propia naturaleza, el sol, y todo lo que aporta estar a gusto conmigo misma. Pero lo más importante es la magia que se lleva mi corazón, una nueva perspectiva que abrirá una nueva línea de actuación en mi vida, sobretodo en determinados asuntos donde andaba un poco perdida.

Me sigue sorprendiendo como a veces las respuestas me llegan justo cuando no las busco. En el sitio menos esperado, y por ello, considero de suma importancia, el estar muy atenta a todo lo que acontece, exprimiendo el máximo jugo a cualquier idea que surja de forma espontánea. Porque por experiencia te digo, que siempre es una información valiosa aquella que aparece de la nada.

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3 thoughts on “Tomar perspectiva

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