Un momento único

Quiero compartir con todos vosotros un acontecimiento increíble que me ha ocurrido el día de Todos los Santos. Puede que a alguien le parezca una locura, o ni siquiera me crea, pero para mí, ha sido algo tan especial y bonito que no puedo dejar de contárselo a mis lectores.

Necesitaba descansar, salir de mi ciudad, y dado que había un puente maravilloso, organizamos un viaje con unos amigos para pasar estos días juntos. La casa en la que estamos tiene una terraza increíble, desde donde se puede contemplar un bello parque, y apreciar como el rastro del otoño se pierde en la abundante agua del río que lo atraviesa suavemente.

Son unos días especialmente tristes, incluso creo que trato de huir un poco de los sentimientos que me producen. Alguien muy especial para mí, ya no está conmigo. Falleció hace ya diez años, aunque tengo claro que habita en mi corazón, y así seguirá mientras yo viva.

Siempre he sentido que su energía me acompaña, su recuerdo me envuelve normalmente con gran alegría. Me siento afortunada por haber tenido la oportunidad de conocerle, tenerle a mi lado, de sentirme mimada y cuidada por él sin ningún tipo de límite. Un alma generosa como pocas. Alguien entregado a las personas que quería de una forma extraordinaria.

Nunca se quejaba, incluso cuando estaba ya muy enfermo, seguía pensando más en los demás, que en él mismo. Nunca olvidaré su sonrisa, siempre amable, su personalidad detallista hasta la médula. El tiempo ha pasado, pero todavía me cuesta aceptar su pérdida.

Con estos sentimientos a flor de piel, rodeada de amigos, eso sí, cada uno metido en sus recuerdos, tratamos de disfrutar de un ambiente relajado. Por mi parte, ese día, en el cual todos recordamos a nuestros muertos, me desperté muy temprano, y nada más levantarme sentí la necesidad de encender una vela y hablar con él de forma natural, como si le tuviera a mi lado. Salí a la terraza de la casa, estaba amaneciendo, y mirando el horizonte abrí mi corazón a los sentimientos que de forma natural emergieron. Al cabo de un rato, me sentí reconfortada y feliz. Por supuesto, todo esto en la más estricta intimidad. El resto dormía y no se enteraron de nada.

En esta especial ceremonia, le cuento cuanto le extraño, que me hace falta su cariño, y por primera vez en todos estos años, le hago saber que si puede, me envíe un mensaje, aunque inmediatamente me viene a la mente que puedo asustarme, así que le pido por favor, que lo haga de una forma suave, porque a mí estas cosas me producen sobresalto y miedo. Después me despido y sigo con mi día.

Así queda la cosa y a la hora de la comida, con todos en la cocina, salgo a la terraza con un amigo, para disfrutar de las vistas. De repente, veo algo extraño en el suelo, justo delante de mis pies, que llama mi atención. No se distingue de qué se trata, hasta que me inclino y recojo en mi mano aquello que he encontrado.

Se trata de cinco corazones perfectos de pasta, muy pequeños eso sí, juntos, colocados allí en un montón, esperándome…

Como puedes imaginar, me quedo sorprendida, pues en principio no entiendo qué hacen allí, no encontramos explicación alguna para tal hallazgo, pues nadie más puede acceder a esta terraza, y somos conscientes de que antes no estaban allí.

Todo el mundo se queda extrañado, tratando de encontrar la solución a este enigma, hasta que de repente me doy cuenta de algo. Primeramente, que entre todo el grupo de personas, soy yo precisamente la que los encuentra, y después, recuerdo que fue en ese mismo lugar donde yo había tenido mi especial conversación con él esa mañana, “…por favor, envíame un mensaje, me hace falta tu cariño…”.

Se me queda la sangre helada, y con lágrimas en los ojos, se lo cuento a los demás, que al igual que yo, no dan crédito. Por supuesto este hecho emociona a todos, nos conecta con lo más elevado de nosotros mismos, por encima de la mente y el raciocinio. Cada uno de nosotros reflexiona sobre sus cosas y se genera un halo especial.

Ha sido un día increíble, se me han confirmado tantas cosas de repente, como si se colocaran, que me siento distinta, más segura de mis creencias. Siento que ha sido él, ha sido su mensaje, me ha hecho llegar de una forma dulce su cariño, no tengo dudas al respecto.

Esta nueva vivencia ha abierto una nueva puerta dentro de mí, no estoy dispuesta a perder ni un solo minuto de mi tiempo en cosas absurdas que no me aportan nada. Me ha hecho ver de forma clara, que tengo que centrarme en lo realmente importante para mí.

Nunca sabemos cuando se acaba nuestro camino, pero eso no me asusta, sé perfectamente que cuando haya cumplido con mi destino simplemente me iré a otro lugar. Quizás esté él allí, esperándome, o puede que no, pero de cualquier manera, siempre permaneceremos unidos.

El verdadero amor nunca se acaba, no tiene fin. En todas sus variantes nos envuelve y nos atrapa, para no soltarnos jamás. Cuando un ser querido nos deja, de alguna forma y manera sigue con nosotros su energía, su fuerza. Si conseguimos sentirla, estaremos siempre protegidos, seremos guiados ante las dificultades.

¡Gracias papá!

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20 thoughts on “Un momento único

  1. No sé si lo vas a entender… Sin duda hoy sé que el mío sigue protegiéndome y volveré a sentirle… porque tú hoy has escrito lo que yo siento desde 2001. Y ya somos dos las que creemos 🙂
    Un beso

    Le gusta a 1 persona

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