La salud del espacio

Podemos pensar que ya lo sabemos casi todo del mundo donde vivimos, pero también podemos tener la actitud de estar en el aprendizaje continuamente, atrevernos a investigar sobre aquello que llame nuestra atención.

En unas vacaciones de invierno, nos reunimos varios amigos en una casona de pueblo, que pertenece a la familia de uno del grupo, queríamos pasar unos días en la naturaleza y descansar. Sentir el frío helador de la zona, y dejarnos abrazar por aquellos muros antiguos impregnados de paz.

El primer día, el anfitrión nos esperaba con todo organizado, nos hicimos una buena ruta por la montaña, de la que volvimos al atardecer, con ganas de acurrucarnos cerca de la chimenea, preparar una agradable cena, y ponernos al día en los últimos eventos sucedidos en nuestras vidas.

Surgieron temas nuevos de conversación, pues el dueño de la casa, muy puesto en todo lo que tiene que ver con las líneas hartmann, que generan determinados cruces, calificados por los radiestesístas como puntos geopatógenos, en los que tenemos que tratar de no estar demasiado tiempo.

Comenzó a colocarnos en el sitio adecuado en el salón, en los espacios que denominaba puntos neutros, para que descubriéramos la diferencia entre un lugar y otro, pero la verdad, es que parece ser que la mayoría de nosotros hemos perdido esa sensibilidad increíble de sentir nuestro cuerpo y lo que en él sucede en todo momento, y entre bromas y risas, al rato, todos nos encontrábamos mejor, más despejados a pesar del cansancio del día.

Cada cual sintió lo que pudo, y luego seguimos con la charla, que duró hasta las tantas de la madrugada. Los troncos ya estaban hechos ceniza, y apenas quedaba algún resquicio de las llamas que hasta ese momento nos había mantenido en el lugar.

Llegó el momento de irse a dormir, y el anfitrión había dispuesto ya una habitación para cada cual, donde las camas lógicamente no estaban en su ubicación normal. Habían sido movidas estratégicamente para alojar el mejor lugar para dormir.

Yo me acosté en la mía sin rechistar, y después de una jornada tan intensa, llena de aventuras y novedades, caí rendida en un segundo al plácido sueño que me rondaba, extenuada por el cansancio y muy relajada por todo lo vivido en el día.

Mi sueño, como no podía ser de otra forma, fue totalmente reparador, de hecho en el desayuno todos comentamos lo bien que nos encontrábamos esa mañana. El resto de los días que pasamos juntos, insistimos de común acuerdo en que nos contara más cosas nuestro amigo, que generosamente además de mostrarnos todos sus conocimientos al respecto, también nos hizo experimentar con varias técnicas para empezar a desarrollar nuestra sensibilidad y poder así presentir esos lugares neutros donde es aconsejable dormir, comer o descansar.

Con la práctica, esto es relativamente fácil poder hacerlo en casa, pues al final acabas reconociendo todos los rincones y con el tiempo tienes un mapa mental de todos los espacios. Pero el tema se complica cada vez que acudes a cualquier otro lugar, bien se trate de un restaurante, la oficina o incluso la naturaleza. Aprender a percibir las sensaciones que nos trasmite nuestro cuerpo es lo que nos puede ayudar.

Imagina que te sientes genial, quedas para tomar un café con un amigo y de pronto estás amodorrado, con mucho sueño y de repente una gran inapetencia se apodera de ti… quizás al salir a la calle de nuevo, te sientes mucho mejor. ¿Qué ha pasado?.

Lo más probable es que el lugar donde te encontrabas fuera una de esas geopatías, es decir, un lugar donde se concentra un exceso de radiación, que puede ser natural o artificial. En este caso, sólo con mover un poco la silla en la que estás sentada o sentado, puedes sentir un alivio considerable.

Otro ejemplo muy valioso sería, nos cambiarnos de casa, y a partir de ese momento dormimos poco y mal. Nos despertamos agotados y sin ganas de nada. Sin embargo, cuando dormimos en otro lugar, esto no ocurre. Si lo observamos, mi consejo es que intentemos cambios rápido, moviendo la cama, contratando a un experto, o de cualquier otra forma que sea válida para resolver el problema.

Lo triste es que cuando nos ocurre algo así, normalmente pensamos en cualquier posibilidad menos en concluir que nuestra casa puede estar enferma, o que como poco hay lugares en ella en los que es mejor no estar.

Puedes investigar sobre el tema, hay mucha información interesante que puedes encontrar. Tampoco se trata de ser un experto. Lo más importante es aprender a sentir los lugares en los que te encuentras. Es muy interesante observar como se va despertando algo dentro de ti que te avisa de si estas en el mejor o peor lugar. Por supuesto, tu salud te lo agradecerá.

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2 thoughts on “La salud del espacio

  1. Muy interesante esto que nos cuentas. Todo lo que tenga que ver con desarrollar nuestros sentidos para habitar más plenamente el mundo y la vida, debe ser alentado y celebrado. La sensibilidad, en cualquier aspecto, siempre es un camino que nos llevará a un mundo mejor. Gracias por tus palabras.

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