Una convención de la Empresa

Estoy muy contenta con mi nuevo trabajo, no llevo mucho tiempo, pero ahora mismo es la empresa de mis sueños. Después de una larga selección por la que he tenido que pasar, al final el puesto es mío, cosa que ya presentía, porque me encajaba perfectamente, pero cuando me lo han confirmado, puedo decir que ha sido uno de los mejores días de mi vida.

Para mí sorpresa, una vez dentro, me entero de que todos mis compañeros son hombres, incluido mi jefe, y esto me turba bastante, ya que no me lo esperaba, pero tampoco quiero darle más importancia y decido vivir el momento y ver qué pasa…

A partir de ahí, y dada la larga experiencia de todo el equipo, trato de aprender de todos ellos en la etapa que tengo de formación, quedarme con lo mejor de cada uno es mi objetivo para luego crear mi propio estilo en esta profesión.

Por si todo esto no fuera suficiente, me informan de que la empresa realiza una convención de forma anual, que es ya, y que tengo que asistir, ¡y claro!, me pongo un poco nerviosa, ya que realmente va a ser mí presentación por todo lo alto, y me asusta bastante.

Aquí estamos, hotel de cinco estrellas en una isla preciosa, yo emocionada, con muchas expectativas de disfrutar, conocer y trabajar. En la cena de presentación, me pongo tan mona, con un vestido que me encanta, precioso y con mucho estilo, perfecto para la impresión que quiero causar.

Me van presentando al resto de asistentes, todo un lujo de cargos con gran responsabilidad, pero me siento bien en este ambiente y además percibo que estoy gustando bastante, así que me voy relajando.

Acaba esta noche tan especial para mí, y cada cual se va a su habitación a descansar, pues al día siguiente la agenda está completa y hay que cargarse de energía para poder aguantar.

Al entrar, lo primero, quitarme los zapatos, que los tacones me tienen frita, y luego el vestido, pues me apetece darme un baño antes de irme a la cama, ya que me ayuda a conciliar el sueño, pero me encuentro con la cremallera dichosa, situada por la parte de atrás, que se atasca, y no hay forma de que se mueva, ni para arriba ni para abajo. Intento no ponerme nerviosa, pero realmente no sé que hacer, pienso en ir a pedir auxilio a uno de mis compañeros, pero rechazo la idea ¡inmediatamente!, imagínate los comentarios al día siguiente, ¡con lo cotillas que son!. Siguiente opción, ir a recepción, pero al pasar había visto que estaban dos chicos, así que tampoco me parece oportuno.

Sigo pensando, y llego a la conclusión de que no tengo acceso a ayuda externa, con lo cual, me tengo que buscar la vida. ¿Quizás si la enjabono ayudaría?, ¡ya esta!, con unas tijeras corto el vestido por delante y punto pelota, ya que de otra forma no me lo puedo sacar. Y lo que está claro es que así no me puedo acostar, y aunque así lo hiciera, el problema seguiría ahí por la mañana.

Un último intento de bajarla antes de meter tijera y… ¡suerte!, por fin, qué alivio, me voy a la cama, que es tardísimo y tengo que madrugar. Eso sí, me voy con una sonrisa enorme por el reto conseguido, pues este incidente tan simple me ha hecho pensar, y he concluido, que lo mejor ante cualquier hecho que nos ocurra es relajarnos, porque entonces vendrán las mejores soluciones, no desistir hasta conseguir de alguna manera resolver el entuerto, y sobretodo ponerle mucho humor y discreción, que hay cosas que en el trabajo no conviene contar.

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